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¿PERROS ASESINOS O DUEÑOS DESALMADOS?
(Fabienne Tremblé - 07/05/2002)
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Si no podemos
respetar la vida de un animal, es un poco absurdo pedir que un animal
respete la nuestra y demasiado fácil después arremeter contra quien no
puede defenderse más que a bocados |
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El animal es amoral, sea doméstico o salvaje.
Esto significa que, sin educación, es incapaz de distinguir entre el bien y
el mal. Aquí entramos en la problemática de saber donde están los límites del
bien y el mal, según la sociedad en la cual vivamos.
Adiestrar a un animal doméstico, en este caso a un
perro, es muy distinto a educarle. Un adiestramiento tendrá como fin destinar
un perro a la caza, convertirle en el mejor olfato de un policía o en el mejor
protector de una casa. Desgraciadamente también le podrá convertir en un perro
asesino (véase el caso de los perros de pelea). La educación de un perro es
más sencilla, y pasa en primer lugar por el respeto. Un animal es un ser vivo,
y como tal sensible al dolor, al frío, al calor, a las caricias y a un largo
etcétera de sensaciones.
El que un perro no utilice, para comunicarse, el
lenguaje que utilizamos los humanos no significa que no entienda nada y que
no perciba lo mismo que podemos percibir nosotros. Si además del respeto hacia
el animal, añadimos una dosis de cariño, lograremos convivir con un fiel compañero,
agradecido, que tan solo pedirá a cambio de esa fidelidad cuidado y atención;
como lo tenemos hacia nosotros mismos, es decir: comer a diario, beber a diario,
limpieza e higiene, vacunas y un sitio digno donde vivir.
No importa la raza. El que un perro sea más grande, y aparentemente más feroz,
no le convierte automáticamente en un asesino en potencia. Un perro que ha sido
tratado con cariño y respeto, no agredirá gratuitamente a un ser humano. El
perro agresor ha sido agredido con anterioridad. El perro que se abalanza sobre
una presa, sea humana o animal, lo hace por miedo, por hambre, u obedeciendo
a una orden de su amo. Acabamos de ver el caso en Barcelona.
Es triste y denigrante para el ser humano, ver como
encierran y castigan a perros que los propios hombres han convertido en maquinas
de matar. Se juzga al perro sin juzgar al amo. No se trata nunca de averiguar
qué trato recibió antes el perro, ni como anda psicológicamente el dueño; es
más fácil pegarle un tiro al perro o torturarle en alguna perrera.
Igual que enseñamos a nuestros hijos lo que está bien y lo que está mal, a pedir
cuando necesitan orinar, a comer sentados en una mesa, de igual manera cuando
decidimos tener un perro conviviendo con nosotros debemos educarle. Claro que
para educar, hay que haber sido educado antes...
Si un perro siente necesidad de orinar, lo hará, sin preguntarse si está bien
hacerlo en la alfombra del salón o al pie de un árbol... ¿Qué sabe él de alfombras?
Si no le enseñan a orinar al pie del árbol, pensará que la alfombra del salón
es ideal, pues es su entorno habitual. Si nos mostramos agresivos o violentos
hacia un perro, obtendremos el mismo patrón de conducta en él, sencillamente
porque los animales domésticos adoptan el comportamiento que ven en su hábitat.
Si un perro se siente malquerido, tenderá a malquerer también. Si un perro es
maltratado, su instinto le hará defenderse, y atacará en cuanto se sienta amenazado.
Y esta amenaza puede ser sencillamente un niño alzando un brazo...
Un rottweiller no es más peligroso que un chihuahua, todo depende de la educación
que haya recibido. Basta ya con la mala propaganda de estos animales, que pueden
ser igual de cariñosos que un San Bernardo.
La problemática de los perros "potencialmente peligrosos" en España,
no pasa por pagar seguros exorbitantes, ni pasear al animal con bozal. Pasa
por educar primero al ser humano que convive con el animal.
España es uno de los países más crueles de Europa hacia los animales. Esto es
así, no hay más que ver las estadísticas de abandonos, malos tratos, atrocidades
cometidas en Fiestas Populares, etc. Si somos capaces de hacer un circo de una
matanza de animales, ¿cómo podemos pretender convivir pacíficamente con ellos?
Si no podemos respetar la vida de un animal, es un poco absurdo pedir que un
animal respete la nuestra y demasiado fácil después arremeter contra quien no
puede defenderse más que a bocados.
Lamento profundamente los ataques que se han producido a niños y adultos por
parte de los perros, pero más lamento aún la falta de educación y civismo por
parte de ciertos adultos, y el vacío legal existente en cuanto a la protección
de los animales.
No existen los perros asesinos, sino los dueños desalmados que los convierten
en asesinos.
Fabienne Tremblé