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A PROPÓSITO DE LOS PERROS
(PERE INGLÉS, psicólogo, "LA VANGUARDIA")
| Cualquier perro en manos de un desaprensivo o -aún más grave- de un dueño ignorante puede ser un peligro, es decir, clasificable como "potencialmente agresivo" | |||
Tras el desgraciado incidente en el que un perro ha atacado a un niño y le ha causado la muerte, han proliferado los debates, artículos de prensa y propuestas legislativas en torno a los perros "potencialmente agresivos". Hemos podido ver cómo se proponen diversas soluciones, unas muy razonables y otras que se me antojan disparatadas.
Entre estas últimas quiero referirme a la de prohibir la importación y reproducción de los perros de la raza pitbull. Toda prohibición me suena a medida inútil y, a menudo, contraproducente. Pero en este caso, además, la creo absurda, ya que tanto un terrier alemán de caza de unos 10 kilos de peso como un cazador de lobos irlandés de 70 pueden matar fácilmente a un niño. El perro es un depredador domesticado que conserva, en su bagaje instintivo, el impulso a la persecución, el ataque y la muerte de la presa. Todos los perros, excepto unos pocos, tienen la rapidez, la fuerza y la boca capaces de hacer mucho daño en caso de ataque. ¿Van a prohibir a los consabidos pitbull, rottweiler, doberman, dogo argentino, fila brasilero y no al pastor alemán, presa canario, schnauzer gigante, mastín napolitano, boxer, ca de bou y un etcétera tan largo como quieran? Cualquier perro en manos de un desaprensivo o -aún más grave- de un dueño ignorante puede ser un peligro, es decir, clasificable como "potencialmente agresivo".
Entre las propuestas más razonables, y sospecho que más eficaces, quiero citar a aquellas que apuntan a un control de dueños y canes. No me suena nada mal que para disfrutar de la tenencia de un perro haya que obtener un permiso que se concedería previo examen del solicitante. Del mismo modo que se solicita permiso para disponer de armas de caza o para manejar un automóvil, no me parece inadecuado tener que hacerlo para gozar de la compañía de un perro. No sólo conseguiríamos evitar accidentes como el que acaba de suceder, sino que también desaparecerían los cadáveres de perros en las carreteras, el abandono de estos animales, la vida de sufrimiento de muchos de ellos atados junto a un bidón, etcétera.
El gran problema que subyace en el fondo de esta cuestión es el de la falta de civismo, la agresividad gratuita y la insolidaridad. Es, en definitiva, el malestar de muchas personas que se expresa por medio de estas manifestaciones inquietantes que proliferan en nuestra sociedad. Pero no es mi objetivo tratar un asunto tan complejo.
Sin embargo, quiero apuntar una reflexión en torno al problema. Se trata de la gran ignorancia que tenemos de un animal que nos acompaña desde hace miles de años y que hemos llamado "el mejor amigo del hombre"
No escatimamos esfuerzos para que los niños en las escuelas conozcan la elaboración del vino o para que sepan cómo es la fauna australiana o los peces abisales. Nuestros hijos pueden reconocer a un marsupial y saber de sus necesidades, hábitat y costumbres. En las cadenas de televisión se emiten excelentes reportajes que nos informan del comportamiento y forma de vida de animales muy alejados de nosotros. Jamás he visto que se explique con un mínimo rigor qué es un perro. Lo que sabemos y nuestros hijos aprenden no va más allá de lo que permite el contacto con ellos o por modelos tan irreales como Milú, Lassie o Rintintin.
De esta gran ignorancia resulta una visión humanizada de los perros. Se les suponen unas características propias de personas y se les atribuyen capacidades que no poseen. Ello conlleva que el dueño a menudo se harte del perro porque no respondió a sus expectativas.
Le puede castigar por algo que hizo hace un rato o porque siente la necesidad de descargar su mal humor. A menudo se decide tener un perro por motivos caprichosos y se elige de un tipo determinado por razones de moda. Podemos ver a un nórdico de trineo confinado en un pequeño apartamento y permanecer solo durante la jornada disponiendo de dos paseos de 20 minutos atado a una correa para gastar su enorme energía.
¿Cuánta incomprensión y maltrato deberán sufrir todavía estos animales de nariz húmeda y mirada afectuosa que conviven con nosotros desde tiempos inmemoriales?